Evidencia humana de 2300 años en la “Cueva de las Monas”

Fotos: Lourdes Díaz López

Este sitio arqueológico se encuentra en la Colonia Hidalgo, conocido también como Punta de Agua en el municipio de Chihuahua,  Chihuahua, en el norte de México, en la zona rural. Es uno de los más grandes tesoros de pinturas rupestres mexicanas.

Estas pinturas hablan de la historia de quienes vivieron en estas tierras hace 2300 años, es la evidencia de un sitio ceremonial de los indios Conchos, Tobosos y Tarahumaras.

Los estudios evidenciaron que la cueva fue usada en el año 600 Antes de Cristo, y hasta el siglo  XVI y XVII con la llegada de los españoles que se representan en las pinturas vestidos de blanco con cruces, refiriéndose a los misioneros.

Los indígenas que vivieron en la rivera izquierda del arroyo, usaron estas cuevas exclusivamente como centro ceremonial ya que no hay evidencia de utensilios ni de que cocinaran al interior de esta roca, detalla la información oficial proporcionada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

A lo largo de este arroyo se han detectado casas muy antiguas de tierra con lodo donde vivían los indígenas, las cuales sí tienen evidencia de ollas de barro, y diversos utensilios para la cacería y recolección de frutos.

Las pinturas representan dos etapas, la primera de ellas que es la temprana pertenece al estilo Chihuahua policromo abstracto del periodo arcaico tardío, del año 600 Antes de Cristo, al año 100 Después de Cristo en la que hay una posible representación del planeta Venus, también representan nueves con lluvia, algunos animales mamíferos y algunas representaciones de garras de oso en los primeros nichos rocosos de este sitio.

La segunda etapa de las pinturas, ya pertenecen a una época más reciente ya que tienen algunas influencias coloniales, quienes las realizaron indígenas ya convertidos al cristianismo, donde se observan hombres a la usanza española del siglo XVII; pecheras, capas, fajillas, pantalones bombachos, medias, calzas y zapatos, una figura humana encerrada en un circulo solar parece estar corriendo con un corte de cabello como acostumbraban los tobosos y ahora los tarahumaras.

Una de las pinturas es la representación de una figura humana con una cruz de procesión a la orden franciscana, y como se sabe que fueron los misioneros franciscanos los que evangelizaron a los conchos y a los tobosos, se cree que los indígenas que estuvieron aquí.

De las pinturas rupestres más recientes es un violín instrumento musical que aprendieron a fabricar los tarahumaras de los españoles, antes de que emigraran a la sierra, cuando eran todavía seminómadas.

Don Felix, Pérez, habitante de este lugar, comenta que en abril del 2012 cuando se hacían unas excavaciones en la comunidad para la construcción de una casa, se encontró un esqueleto de unos 400 años de antigüedad de acuerdo con cálculos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuerpo que podría pertenecer a gente de los últimos habitantes de esta zona.

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